En mi columna semanal de Milenio, escribo sobre un país donde los atropellos se enciman y la indignación se desgasta. Explico por qué el enojo momentáneo no corrige nada, y cómo la costumbre de pasar página sólo fortalece la impunidad.
En mi columna semanal de Milenio, escribo sobre un país donde los atropellos se enciman y la indignación se desgasta. Explico por qué el enojo momentáneo no corrige nada, y cómo la costumbre de pasar página sólo fortalece la impunidad.
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