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Con garnachas, tlayudas, invitados y acarreados, hubo fandango por la ampliación del Aeropuerto Militar de Santa Lucía, hoy “internacional” Felipe Ángeles. Con esa festiva inauguración se cumplieron los dos propósitos fundamentales: primero, que “el pueblo bueno” (que no vuela) mirara y admirara por unas horas la grandeza de su Alteza Pequeñísima; segundo, con esa nueva estafa se ratificó ante el mundo quién manda en México y sobre México… al costo y con las desgracias que sean.