Sí, hay consciencia generalizada de que nuestra pugnacidad es el principal obstáculo para lograr un mejor destino personal, familiar y colectivo. Con reyertas sin fin en todos los ámbitos es imposible la gestión del bien común, y los bienes individuales difícilmente se obtienen por medios lícitos. ¡Claro, prevalecen los fuertes y los arbitrarios!
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