“Yo también cuido a los delincuentes, porque ellos también tienen derechos humanos”, nos dice, reiteradamente, el hijo de Chico Che. Ante crímenes atroces, él apuñala con ese mensaje a las víctimas y a la sociedad; para eso le sirve su hipócrita santurronería. Está compelido a repetir esa infamia para mantenerla viva en la mente de los criminales. Su pacto tácito con ellos, de no agresión, es claro: “amor y paz”.
Comentarios recientes