Esta semana, en mi columna de Milenio, hablo del atropello que convirtió un concurso mundial en espejo de nuestra desgracia: corrupción a manos llenas, complicidades impunes y una corona usada para tapar la gangrena del poder.
Esta semana, en mi columna de Milenio, hablo del atropello que convirtió un concurso mundial en espejo de nuestra desgracia: corrupción a manos llenas, complicidades impunes y una corona usada para tapar la gangrena del poder.
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